miércoles, 20 de abril de 2016

FCPC. INFORME Nº 27. La historia del libro y de las bibliotecas III parte desde las secciones radiofónicas "Tiempo de Ciencia" y "Carpe diem"

En el presente Informe de la FCPC, el nº 27, se han planteado desde las secciones radiofónicas "Tiempo de ciencia" y "Carpe diem", conducidas por las profesoras Concha Román y Rosa Mª Calderón un espacio conjunto dedicado al mundo del libro y de las bibliotecas. Para ello en la sección "Tiempo de ciencia" se ha hablado del origen del papel, mientras que en la sección "Carpe diem" se ha abordado la historia de la mítica Biblioteca de Alejandría. El objetivo perseguido en estas dos espacio es el de acercarse desde la Antigüedad a la cultura del libro y a las bibliotecas en la Edad Media, de tal manera que se enlazarían estas secciones radiofónicas con los contenidos de La Pieza del Cuatrimestre que ya se ha colocado en la biblioteca escolar y que en esta ocasión está centrada en el mundo cristiano durante el medievo. Se indican a continuación los contenidos de cada una de las secciones radiofónicas:

TIEMPO DE CIENCIA

Hoy en Tiempo de ciencia, y celebrando nuestro programa 150 desde que empezamos, hace ya 7 años, hemos hablado sobre el papel, invento importantísimo y antiquísimo en el cual la ciencia y los materiales derivados de seres vivos han estado muy implicados. 

Con esta pequeña introducción hemos enlazado con el tema del que habló a continuación Rosa, en su sesión “Carpe Diem” también relacionado con el papel.

Para leer la noticia hemos contado con Francisco de la Cruz y Emilio Moreno, nuestros alumnos colaboradores en la radio y alumnos de 4ª de ESO 

 Se cree que el papel fue inventado en China, hacia el año 200 a. C., y ciertamente, existen ejemplos de papel descubiertos junto a tablillas de madera que contienen esa fecha. Los primeros papeles son de seda y lino, pero de pobre calidad para la escritura, y por ello fueron utilizados principalmente para envolver. La invención del papel se atribuye a Ts'ai Lun , en el 105 a. C. En esa época era el jefe de los eunucos del Emperador, y estaba al frente de los suministros de la Casa Real. Ts'ai Lun fue el primero en organizar la producción del papel a gran escala, y se las arregló para conseguir las patentes exclusivas para hacerlo. China en ese tiempo era ya una sociedad burocrática que requería documentos en abundancia para llevar sus registros por escrito. 

El primer soporte flexible de escritura conocido es el pergamino, hecho con pieles de animales y encurtido para darle uniformidad y facilitar las inscripciones. Posteriormente en las proximidades del río Nilo y utilizando la médula del tallo del papiro se obtenía el “papirus”, especie de tablilla de madera muy útil para la escritura y relativamente fácil de producir y transportar. 


Más adelante aparece el papel, cuya formación se realiza mediante la inmersión de un marco de madera, provisto de una malla muy fina que deja pasar el agua y retiene la fibra. Mediante una hábil manipulación del marco se consigue una distribución muy calibrada y después se deposita entre telas de fieltro que desgotan por presión. A la hoja ya formada se incorporan almidones o grasas animales para conseguir una superficie apta para la escritura y el dibujo. 


Hoy en día, el sistema de producción sigue basado en la técnica inventada por los chinos y que guardaron celosamente durante siglos. A principios del siglo X encontramos escritos sobre papel en Egipto y Siria. En el siglo XI en Samarkanda y en el siglo XII en el levante español. 
 A finales de 1200 aparece en Italia y en el año 1390 se monta el primer molino papelero en Nuremberg (Alemania). 

Con la aparición de la imprenta por Gutemberg, la fabricación de papel prosperó rápidamente y aunque hasta comienzo del siglo XIX sólo se fabricaban papeles a mano, las aportaciones de franceses, alemanes e ingleses hicieron avanzar y mejorar la técnica papelera y los acabados de los papeles. 

Las grandes demandas de papel y la escasez de trapo, que hasta entonces era la única materia prima que venía utilizándose en su producción, hizo que durante bastantes años se investigara por Jacob C. Shaeffer la aplicación de nuevas materias primas como musgo, ortigas, piñas, virutas de sierra, etc., sin que dichas investigaciones prosperaran. Una magnífica aportación fue la publicación de un ensayo en 1774, titulado “Una invención de hacer papel nuevo de papel impreso y eliminar por lavado completamente la tinta de imprenta”, siendo una gran novedad sobre la técnica de reciclados. 

Bibliografía

http://www.ecopapel.es/inicio/blog/96-breve-historia-del-papel.html http://iconio.com/ABCD/B/pdf/papel.pdf

CARPE DIEM

Con motivo de la celebración del Día del libro el próximo 23 de abril y a propósito también de la nueva Pieza del cuatrimestre dedicada al mundo cristiano, que se ha colocado ya en la biblioteca del centro, hemos dedicado un programa más a la historia del libro y de las grandes bibliotecas. En este caso, el tema elegido para la sección radiofónica "Carpe diem" del martes 19 de abril ha sido la mítica Biblioteca de Alejandría. Para ello hemos tomado como referencia el magnífico artículo del historiador David Hernández de la Fuente "La biblioteca de Alejandría" publicado en el nº 97 de la revista National Geographic que tenemos en nuestra biblioteca escolar.

"A principios del siglo III a.C, Egipto era, con diferencia, el más rico de los Estados en los que se había dividido el Imperio de Alejandro Magno. Los reyes del país, descendientes de Ptolomeo I, lugarteniente del gran conquistador, disfrutaban de una enorme opulencia gracias a la abundancia de productos agrícolas que recibían de las tierras del Nilo y que exportaban a través del Mediterráneo. Su corte se hallaba en Alejandría, desde donde, rodeados de una élite griega, gobernaban a la gran mayoría de la población egipcia. Así lo demostraba el hecho de que el cuerpo de Alejandro, al que se veneraba como un dios, estaba en la ciudad, adonde lo había traído Ptolomeo I.



Fue así como, a partir del siglo III a.C., Alejandría se convirtió en el más importante centro cultural griego, desplazando incluso a Atenas. Literatos, científicos y artistas acudían a la corte ptolemaica  en busca de libros (….), y desde allí el saber de la civilización helénica irradiaba por todo el Mediterráneo e incluso más allá. Al mismo tiempo que atraían a su corte a los sabios más selectos de su época, los reyes de Egipto tomaron una decisión trascendental: la de reunir las obras científicas y literarias más importantes del mundo conocido y preservarlas.
Una tradición atribuye la iniciativa a Demetrio de Falero, político ateniense y discípulo de Aristóteles, que acabó exiliado en Alejandría y persuadió a Ptolomeo para que recopilara los libros de todos los pueblos de la tierra. El objetivo práctico más inmediato era el de proporcionar material de trabajo a los sabios que acudían al Museo (“el templo de las Musas”, situado en el barrio de Bruquión, cerca del mar y no lejos de la tumba de Alejandro y del palacio real), pero también había la voluntad de reunir el saber universal, en todas las disciplinas, y conservarlo para las generaciones futuras. Ese fue, en todo caso, el origen de la mítica Biblioteca de Alejandría.

¿Cómo era la biblioteca de Alejandría?

La mítica biblioteca de Alejandría estaba integrada dentro del Museo y del palacio de los Ptolomeos, de tal manera que no forma una entidad diferenciada. Es significativo que Estrabón, al describir el Museo y el palacio en su Geografía escrita a principios del siglo I d.C. no mencionara la existencia de una biblioteca. Esto se debe a que los libros reunidos por los reyes se colocaban en estanterías (este es el significado del término griego “biblioteca”) que recubrían las salas del palacio, y en particular, los pórticos.

Se decía que el fundador de la biblioteca, Ptolomeo I Sóter, se marcó la meta de obtener 500.000, y que cada cierto tiempo pasaba revista a su colección. Parece que, en tiempos del poeta Calímaco de Cirene, que vivió en el siglo III a.C., se había reunido cerca de 490.000 libros, una cifra que aumentó hasta 700.000 en época de Julio César. 


Los Ptolomeos promovieron una auténtica caza de manuscritos  por todo el mundo helénico. Se dice que el primer Ptolomeo escribió cartas a numerosos príncipes y ciudades para pedirles que le enviaran todas las obras de “poetas o prosistas, rétores, sofistas, médicos y adivinos, historiadores y todos los demás”. También ordenó sacar copias de todos los libros  que se hallaran en las naves que hacían escala en Alejandría; los originales se quedaban en Alejandría y se devolvían las copias. Se cuenta que Ptolomeo III pidió a los atenienses la valiosa copia oficial  de las tragedias de Esquilo, Sófocles  y Eurípides, que prestaron a cambio de una costosa fianza para copiarlas en la biblioteca.
     
¿Cuál fue el final de esta gran biblioteca?

Según  cuenta Plutarco en las Vidas paralelas fue Julio César, el amante y esposo de la reina Cleopatra, el causante de la primera gran destrucción de la Biblioteca de Alejandría, en el año 47 a.C. En aquel tiempo, estando César  con Cleopatra en la capital egipcia, fue atacado por las tropas egipcias del faraón Ptolomeo XIII dirigidas por Aquila, el cual quiso hacerse con las naves romanas amarradas en el puerto. Entonces, Julio César, ordenó el lanzamiento de proyectiles incendiarios con el objeto de reducir a cenizas la flota egipcia. Como consecuencia se produjo un incendio que se extendió por todo el puerto.

Como  el autor latino Lucano señaló que el incendio destruyó los depósitos de grano y de libros, se pensó que se había destruido la famosa biblioteca, sin embargo el Museo de los reyes, que incluía en realidad la gran biblioteca estaba alejado del puerto y no se vio afectado por el enfrentamiento de entre los soldados romanos y los egipcios liderados por Aquila. Hoy en día los que creen los especialistas es que lo que realmente se quemó fue un almacén de libros destinados a la exportación.

La destrucción más grave se suele datar en el año 272, cuando el emperador romano Aureliano arrasó la ciudad para recuperar el control sobre una Alejandría rebelde. Años después, en el 391 fue destruida la gran biblioteca del Serapeo en la época en la que Teófilo era patriarca de Alejandría. Dicha destrucción estuvo enmarcada en los disturbios que se generaron entre paganos y cristianos. En el 415, desapareció la gran biblioteca personal de la filósofa y matemática pagana Hipatia de Alejandría después de ser brutalmente asesinada a manos de una horda de monjes cristianos instigados por el patriarca Cirilo. Finalmente en el año 641, cuando Alejandría cayó en manos de los árabes, se mandó quemar los pocos libros que quedaban de la mítica biblioteca ".

Hemos completado esta referencia a la Biblioteca de Alejandría con la lectura de un fragmento del relato "Dos amantes célebres. Marco Antonio y Cleopatra" (30 a.C.) incluido en la Antología de Jean-Pierre Andrevon Héroes de Roma en la antigüedad, un texto de la biblioteca escolar que los alumnos de Latín de 4º de ESO B han trabajado en clase. El objetivo era vincular la figura de Cleopatra con la biblioteca de Alejandría en el momento en el que llega Julio César a la ciudad egipcia.

"Yo nací en Alejandría, la más grande, la más rica, la más maravillosa ciudad del universo, erigida por mi lejano antepasado Tolomeo I en honor de Alejandro Magno. Cuando yo nací, la capital del reino de Egipto tenía setecientos mil habitantes y se vanagloriaba de poseer una de las Siete Maravillas del mundo: un faro de mármol de ciento treinta metros de altura, cuya luz podía verse desde entonces desde enormes distancias. Además, sabios de todos los lugares del mundo acudían para estudiar en su gran Biblioteca, que reunía más de setecientos mil obras.

Como ya os he dicho, Alejandría era una maravilla.

A la muerte de mi padre, Ptolomeo XII, siguiendo una antigua costumbre egipcia, tuve que compartir el trono de mi hermano, convertido legalmente en, mi esposo. Ni que decir tiene que yo no compartía nada más con este marido de circunstancias, ¡y mucho menos el lecho! Yo tenía dieciocho años, y él apenas diez.

Además, este hermoso-esposo estaba rodeado de consejeros que no dejaban de intrigar contra mí, para gobernar a sus anchas cuando este muchacho sin cerebro estuviese instalado en el trono de Egipto. Hasta tal punto intrigaban que, justo antes de cumplir diecinueve años, llegué a pensar que no lograría librarme durante mucho tiempo del veneno o del puñal de mis enemigos.

Ese año tuvo lugar el acontecimiento que trastocó toda mi existencia y la de Egipto; César  desembarcó en Alejandría" (págs. 126-127).

Y hasta aquí la sección de esta semana dedicada a los libros y de modo especial a las bibliotecas. La semana que viene hablaremos de la figura de Hipatia de Alejandría.


Bibliografía:

Hernández de la Fuente, David: “La biblioteca de Alejandría”, National Geographic Historia, nº 97, págs.26-35.

Incluimos también la bibliografía citada por el autor de este magnífico artículo que nos ha servido de base para la sección radiofónica de hoy:

Canfora, Luciano: La biblioteca desaparecida, Trea, Gijón, 1998
Escolar Sobrino, Hipólito: La biblioteca de Alejandría, Gredos, Madrid, 2001


Riaño Alonso, J.J.: Poetas, filósofos, gramáticos y bibliotecarios. Origen y naturaleza de la antigua biblioteca de Alejandría, Trea, Gijón, 2005


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