El pasado 18 de marzo falleció a los noventa años de edad
Enriqueta Báez Ramírez, una mujer excepcional. Nació en Cádiz en 1924, aunque
su familia pronto se trasladó a vivir a Barcelona. Allí pasó su infancia y le
tocó vivir momentos muy duros, hasta tener que tomar el camino del exilio de
España en 1939. Finalmente, con 14 años, embarcó en el buque “Mexique” camino
de México, país de acogida de toda su familia: padre, madre y dos hermanos.
Allí empezaron de nuevo. Más avatares y viajes de ida y vuelta entre México y
España, hasta recalar primero en Cádiz y después en Jerez, ciudades donde ha
residido estos últimos años. Toda una vida plena de integridad y dignidad.
En este último periodo, concretamente entre septiembre de
2013 y noviembre de 2014, un grupo de alumnos y profesores del IES LAGUNA DE
TOLLÓN compartimos con ella momentos entrañables gracias al proyecto que
pusimos en marcha, y que culminó con la presentación de un trabajo al concurso
internacional EUSTORY.
El título, “Enriqueta Báez, una vida entre México y España”; el objetivo inmediato, que nuestros alumnos investigaran los principales acontecimientos de la historia reciente de ambos países, siguiendo el hilo conductor de la vida de nuestra protagonista (de alguna forma, ella sería nuestra guía en ese paseo por la historia); el objetivo más importante, rendir un modesto homenaje a una gran mujer.
Siempre que se nos va alguien muy querido, nos parece de alguna manera que su marcha es demasiado repentina y difícil de aceptar. Y así nos ha dejado a quienes la conocíamos: aturdidos y sin respuesta. Porque Enriqueta trasmitía una fortaleza y una energía vital que no nos permitía pensar que algún día pudiera faltar.
El título, “Enriqueta Báez, una vida entre México y España”; el objetivo inmediato, que nuestros alumnos investigaran los principales acontecimientos de la historia reciente de ambos países, siguiendo el hilo conductor de la vida de nuestra protagonista (de alguna forma, ella sería nuestra guía en ese paseo por la historia); el objetivo más importante, rendir un modesto homenaje a una gran mujer.
Siempre que se nos va alguien muy querido, nos parece de alguna manera que su marcha es demasiado repentina y difícil de aceptar. Y así nos ha dejado a quienes la conocíamos: aturdidos y sin respuesta. Porque Enriqueta trasmitía una fortaleza y una energía vital que no nos permitía pensar que algún día pudiera faltar.
Pero Enriqueta no se ha ido del todo: nos quedan sus palabras
en conversaciones siempre amenas, sus vivencias excepcionales, sus historias,
sus cartas redactadas primorosamente, su inteligente sentido del humor adornado
de fina ironía, su condición de lectora voraz y de amante del cine, su
extraordinaria cultura autodidacta, su sensibilidad hacia los que sufrían, su
generosidad, sus convicciones políticas, su sonrisa siempre amable y, en fin,
su forma de vivir siempre con dignidad.
Gracias a todos los que han mostrado su pesar y sienten su
marcha, familiares, amigos, compañeros de residencia, profesores, alumnos,
miembros de la comunidad educativa, personas de aquí o de más allá del mar que
tantas veces cruzó y que, finalmente, la ha acogido en su seno, junto a la
ciudad que la vio nacer.
Descanse en paz Enriqueta, a quien tanto queríamos.