sábado, 15 de abril de 2017

Los intocables, pero no los de Eliot Ness.

Como ya suele ser habitual desde la materia optativa de Comentario de Texto de 2º de Bachillerato, intentamos que los alumnos no solo se preparen para la prueba de acceso a la Universidad en la materia de Lengua Castellana y Literatura, sino que reflexionen sobre temas de actualidad, desarrollen un espíritu crítico, y colaboren con sus opiniones con el proyecto "Escuela, espacio de paz". En este sentido, si en los artículos anteriores los alumnos reflexionaron sobre el papel que juegan los "youtubers" en la sociedad actual a partir del caso ReSet , y sobre la violencia en el deporte a tenor de los desgraciados sucesos acaecidos en un partido de fútbol infantil que terminó con un batalla campal entre padres, en esta ocasión nuestros alumnos ofrecen su opinión sobre la violencia y la falta de respeto que ejercen algunos hijos sobre sus padres. 

Para este último ejercicio hemos partido de la denuncia que un joven de 15 años formuló contra su madre por el simple hecho de quitarle el móvil. Como en los casos anteriores, los alumnos se han documentado leyendo distintos textos periodísticos y además se han acercado por primera vez a la figura del juez Calatayud, al conocer su opinión sobre este tema publicada en el blog que este famoso juez de menores de Granada comparte con el periodista Carlos Morán. Os dejamos a continuación tres de los ejercicios realizados or los alumnos:      

El pasado 28 de febrero en El Ejido, Almería, un chico de tan solo 15 años denunció a su madre simplemente porque forcejeó con su hijo para quitarle el móvil con el fin de que estudiara  para un examen que tenía al día siguiente. El adolescente fue al centro médico a pedir un parte de lesiones porque según el joven denunciante en el proceso de retirada del dispositivo electrónico hubo un forcejeo del que salió presuntamente herido.

Bajo mi punto de vista, es intolerable el hecho de que un adolescente tenga tal grado de dependencia del teléfono móvil y haya llegado al nivel de aislamiento en el que prefiera meter a su madre en un proceso judicial o incluso en la cárcel antes de renunciar al uso de su preciado teléfono. El descontrol que produce este dispositivo electrónico es terrible, sin embargo, me resulta mucho más sorprendente la muestra de superioridad del joven, la completa pérdida de respeto y de autoridad hacia sus progenitores.

Sinceramente, no sé en qué momento se  perdió el respeto de los hijos a los padres. ¿Tal vez por exceso de permisividad?, ¿tal vez vez porque los padres consienten demasiado a los hijos desde que son pequeños? o ¿tal vez porque los padres no ejercen de padres, sino de amigos o de colegas?. ¡Tremendo error!. Los amigos no tienen que educar, no es su responsabilidad. Los amigos, están para compartir diversiones, intereses, y descubrir el mundo juntos, no hay más labor que esa. A las amistades no les corresponde poner normas, marcar límites ni corregir conductas, lo cual no significa que no tengan influencia a la hora de la constitución de los valores del individuo. Los niños, los jóvenes, necesitamos en el fondo normas, y son los padres -no los amigos- los que nos la deben imponer.

Tras más de cinco años en el instituto, he podido comprobar cómo no solo se le ha ido perdiendo el respeto gradualmente a los profesores, si no que muchos de los padres de hijos problemáticos (por no decir consentidos) culpan a los maestros de las conductas y malas notas de sus descendientes. No sé  a dónde vamos a llegar. Como dice Mafalda “Que paren el mundo, que yo me bajo”. El trabajo de los profesores no es más que la de enseñar y la de transmitir conocimientos, pues la labor básica de educación les corresponde a los padres y a las madres. Corresponde a la familia por lo tanto enseñar las normas de convivencia, el respeto a los demás, cómo comer, cómo sentarse, cómo pedir las cosas, cómo dar las gracias, cómo dejar salir antes de entrar…, en fin todas las normas básicas de urbanidad olvidadas por algunos jóvenes. Y por supuesto, corresponde a los progenitores enseñarles a sus hijos a respetar a sus profesores. Pero francamente, no se puede pedir lo que en su casa no le han inculcado. Si un padre es capaz de encararse con un profesor por el mero hecho de un resultado no justo desde la perspectiva del niño... ¿qué clase de actitud va a tener ese niño si sabe que siempre van a estar sus padres detrás para intentar corregir todos sus errores?, ¿qué valores le está inculcando, si haga lo que haga ninguna represalia caerá sobre él?

Como consecuencia de esta permisividad desde la infancia, ejercida por algunos padres, y de la falta de respeto de algunos jóvenes que no saben admitir un "no", se ha llegado al maltrato de los hijos a los padres, y en última instancia a la denuncia.  Esto es algo que me indigna muchísimo, pues desde pequeña me enseñaron a respetar a mis mayores, a mis padres y a mis profesores, por tanto este tipo de sucesos  me sobrecogen. 

Según las estadísticas, el aumento de los casos de maltrato a los padres y madres es realmente alarmante, casi 5.000 casos fueron denunciados en el año 2016, recalcando lo de denunciados porque sin duda son muchos más, pero se ocultan por vergüenza, pese a que la vergüenza la tendrían que tener los adolescentes que maltratan a sus padres. A pesar de todo, y de este alarmante aumento, estamos a tiempo de reconducir el futuro de nuestra sociedad, porque educar es poner normas, marcar límites, decir NO y llevarlo a cabo hasta el final; educar es que el adolescente sea consciente de que un mal comportamiento traerá consecuencias negativas hacia su persona, al igual que será recompensado (no de forma material) por todo aquello que hagan bien. Por todo ello, hay que inculcar los valores que nos gustaría encontrarnos en un futuro. No evitéis a vuestros hijos las dificultades de la vida, enseñadles más bien a superarlas, porque algún día, no estaréis para protegerlos. Todos somos conscientes de que es más fácil quejarse que aguantar o consentir a soportar las rabietas, sin embargo solo son dos los legados duraderos que un padre puede dejar a sus hijos: uno, raíces; el otro, alas

Laura Márquez Calvillo, 2º de Bachillerato B 


Fueron muchas las alarmas que saltaron cuando el 24 de marzo del 2017, salió publicado el caso de una madre que había salido absuelta de la denuncia que su propio hijo le puso. La denuncia está originada tras un forcejeo que la madre mantuvo con el hijo al decirle que le quitaba el móvil para que se concentrara más en los estudios, y este se negó. El denunciante afirmaba haber sido agredido por la madre.

Saltan las alarmas en estos casos, pues no parece ser muy corriente que un hijo denuncie a su madre, y más cuando este tiene solo 15 años de edad. Pero lo que realmente llama más la atención es que la pobre madre se viera envuelta en este proceso y terminara en un juzgado. Como es lógico, y todo el mundo pensaba, la madre quedó absuelta, pues lo ocurrido el día de los hechos, el pasado 28 de febrero, fue solo un gesto de autoridad materna.

Este lamentable suceso nos debe llevar a reflexionar sobre los motivos por los cuales un joven le pierde el respeto a sus padres y decide denunciarlos porque le quieren quitar el móvil, controlar su hora de llegada los fines de semana o no darle el dinero suficiente para vivir, según ellos, "dignamente". 

En el caso de la adicción al móvil, que es el que nos ocupa ahora, podemos afirmar que la madre estaba en su completo derecho de quitarle el móvil a su hijo si este abandonaba sus obligaciones por tal motivo.  ¿Qué ha pasado con el respeto que los hijos deben tenerle a sus padres?. ¿Qué ha pasado con la autoridad que los padres deben ejercer sobre los hijos?. En la generación de mis padres esto era impensable. Se dice que en esta generación, y no hace tanto tiempo, la educación era mucho más estricta, sin embargo yo creo que en muchos aspectos era mejor, y que un buen tortazo a tiempo sanaba más que dañaba. Evidentemente, hablamos de ese tortazo en el culete que las madres daban, pero que para nada suponía maltrato. Hoy en día se ha dado el salto al extremo contrario pues los niños y jóvenes son intocables al haberse criado en  un ambiente más de amistad que de autoridad, y esto ha creado una generación de consentidos y mimados, que creen que el mundo es suyo y que pueden hacer lo que quieran con él. Y esto es así porque se le permitió todo desde que eran pequeños. Como consecuencia de todo ello, tenemos un grupo de jóvenes sin valores, sin respeto, con muchos derechos y con pocas obligaciones.Quizás se le pueda echar la culpa a los padres, por tener las dos manos de caricias, en lugar de tener una de ellas y otra que sea una mano dura, por creer que un castigo deja secuelas, o que recompensar a tus hijos por un buen comportamiento hace que estos quieran conseguir lo que los padres le ponen como meta.

En definitiva, un castigo a tiempo no hace daño, corrige tu comportamiento, y hoy doy gracias a mis padres, por haberme criado bajo lo que yo creía que era una dictadura, pues con eso, hoy sé diferenciar lo que está bien y lo que está mal, sé esforzarme por mi propio bien, y no a cambio de algo, y puedo ver que hay una diferencia entre los jóvenes de los casos mencionados al principio y los adolescentes criados bajo la voz autoritaria de unos padres, la cual no temblaba al castigar bajo un mal comportamiento. Es, pues, absurdo denunciar a tus padres por imponerse ante ti, o incluso enfadarse, pero esto no se ve así, hasta que no ves a dónde te ha llevado esa educación estricta, pues a día de hoy, solo puedo agradecer a mis padres el haber sabido criarme como a una hija, y no como a una amiga.
Gracias papá, gracias mamá.

Ángela Ganfornina Alcón, 2º de Bachillerato A


Al hilo del último acontecimiento sucedido en la provincia andaluza de Almería, donde un menor denuncia a su madre por un supuesto forcejeo al quitarle el móvil, se abre la polémica sobre la protección judicial que tienen estos menores ante la ley. Pero la pregunta es: ¿cómo hemos llegado al punto en el que un menor denuncie a su propia madre?

La sociedad ha evolucionado dando cambios vertiginosos y transformando en ciertos casos las figuras paternas y maternas en "amigos" y es que con el paso de los años la permisividad de los padres con sus hijos es más frecuente. ¿Cuántas veces hemos visto a un padre o a una madre comprarle el capricho que se le antojaba al niño solo porque estaba llorando delante de la gente? o ¿cuántas veces hemos visto a jóvenes con apenas 14 años en la calle a altas horas de la noche?. Esta permisividad nunca ha existido y es que en el tiempo de nuestros padres o abuelos el respeto hacia los mayores era total, sin embargo hoy en día todo ha cambiado: los niños y los jóvenes exigen a sus padres demasiado y les piden, por ejemplo, un móvil de mil euros, como el que pide cualquier cosa. ¿De quién es la culpa? En realidad no hay un solo culpable, más bien, es un conjunto de circunstancias: la sociedad materialista y consumista en la que vivimos, la permisividad -como apuntamos antes- de unos padres que no saber decir "no"  y la existencia de una generación de jóvenes egoístas y consentidos, en fin, de menores caprichosos que solo quieren salirse con la suya a toda costa. Además de todo esto, la legislación actual permite que este tipo de denuncias prosperen, menos mal que en este caso la cordura y el buen sentido se impuso y el juez  le dio la razón a la pobre madre.

Llegados a este punto solo me puedo cuestionar: ¿cómo hemos podido llegar a ese extremo?, ¿cómo un hijo puede denunciar a la persona que le ha dado la vida y que le ha enseñado a vivir?, ¿cómo puede sentirse una madre que se sabe denunciada por su propio hijo?, ¿cómo es la relación en casa después de este grave hecho?...... La verdad es que educar nunca ha sido fácil, pero está claro que en estos últimos años estamos criando una generación de intocables que pretende llevar siempre la razón y estar por encima de las normas. Por todo ello, creo que - como dijo el juez Emilio Calatayud- deberíamos entregarles una copia del articulo 154 del Código Civil para recordarles que: "Los hijos deben obedecer a sus padres mientras permanezcan bajo su potestad, y respetarles siempre..."

Beatriz Borrego Merino, 2º de Bachillerato B

1 comentario:

Unknown dijo...

La juventud es un tesoro de la Sociedad, pero si está educada en valores lo es aún más.