miércoles, 18 de marzo de 2015

"Juguemos" de Elvira Lindo

Elvira Lindo
Jugar en la calle. Jugar en grupo. Esa es la actividad extraescolar que un grupo de educadores y psicólogos americanos han señalado como la asignatura pendiente en la educación actual de un niño. Parecería simple remediarlo. No lo es. La calle ya no es un sitio seguro en casi ninguna gran ciudad. La media que un niño americano pasa ante las numerosas pantallas que la vida le ofrece es hoy de siete horas y media. La de los niños españoles estaba en tres. Cualquiera de las dos cifras es una barbaridad. Cuando los expertos hablan de juego no se refieren a un juego de ordenador o una playstation ni tampoco al juego organizado por los padres, que en ocasiones se ven forzados a remediar la ausencia de otros niños. El juego más educativo sigue siendo aquel en que los niños han de luchar por el liderazgo o la colaboración, rivalizar o apoyarse, pelearse y hacer las paces para sobrevivir. Esto no significa que el ordenador sea una presencia nociva en sus vidas. Al contrario, es una insustituible herramienta de trabajo, pero en cuanto a ocio se refiere, el juego a la antigua sigue siendo el gran educador social. Leía ayer a Rodríguez Ibarra hablar de esa gente que teme a los ordenadores y relacionaba ese miedo con los derechos de propiedad intelectual. No comprendí muy bien la relación, porque es precisamente entre los trabajadores de la cultura (el técnico de sonido, el músico, el montador, el diseñador o el escritor) donde el ordenador se ha convertido en un instrumento fundamental. Pero conviene no convertir a las máquinas en objetos sagrados y, de momento, no hay nada comparable en la vida de un niño a un partidillo de fútbol en la calle, a las casitas o al churro-media-manga. Y esto nada tiene que ver con un terror a las pantallas sino con la defensa de un tipo de juego necesario para hacer de los niños seres sociales.

Elvira Lindo, “Juguemos”, El País, 12-I-2011.

Una semana más publicamos en el blog del centro un texto de preparación para la prueba de Comentario de Texto que nuestros alumnos de 2º de Bachillerato tendrán que superar en Selectividad. El texto elegido en esta ocasión es una columna de la escritora afincada en Nueva York, Elvira Lindo, muy conocida por nuestros alumnos por ser la autora de las famosas aventuras de Manolito Gafotas. Como ya es habitual, publicamos una propuesta de solución para el tema, el resumen y la estructura después de haberla trabajado y corregido en clase, y animamos a los alumnos de 2º de Bachillerato a que suban sus comentarios críticos al blog del instituto.

TEMA.  

Necesidad de volver a los juegos tradicionales para evitar los efectos negativos derivados del abuso de los juegos electrónicos.

RESUMEN.

A partir de los últimos datos aportados por psicólogos y educadores estadounidenses sobre el incremento de la adicción a los juegos electrónicos por parte de los niños, la articulista reflexiona sobre esta problemática llegando a la conclusión de que este tipo de juegos y el exceso de horas que dedican  incide negativamente en ellos de tal manera que habría que volver a los juegos tradicionales, tratando de conciliar los juegos de antes con el uso del ordenador para evitar el aislamiento al que llegan.  

ESTRUCTURA.

Esta columna de Elvira Lindo, en la que emplea un discurso expositivo-argumentativo, propio de los textos periodísticos de opinión, presentan una organización de las ideas de carácter encuadrada, enmarcada o clásica, dado que se presenta la idea principal al principio en forma de problema, desarrollándose y ampliándose a lo largo del texto hasta llegar a la conclusión en donde aparece de nuevo reelaborada, motivo por el cual podría pensarse también que tiene una organización inductiva.


Así pues, nos encontramos primero con una introducción (“Jugar en la calle….No lo es”) que presenta la idea principal en forma de problema: es necesario volver a los juegos tradicionales en grupo y en la calle, pero esta idea aparentemente sencilla es difícil porque los niños  actualmente no juegan en la calle. A partir de aquí tenemos el desarrollo o cuerpo argumentativo en el que la articulista analiza la cuestión y busca soluciones. Para ello empieza con un argumento de hecho que es irrefutable: debido a la inseguridad de jugar en la calle,  los niños de hoy en día han olvidado los juegos tradicionales, dedicando muchas horas en casa a los juegos electrónicos, y como consecuencia tienden más al aislamiento. Este argumento nos podría conducir a la demonización de los juegos electrónicos o de la informática, sin embargo esto es un gran error  (contraargumentación) porque supone estar de espalda al avance de las nuevas tecnologías (Leía ayer a Rodríguez Ibarra……. instrumento fundamental”). En este desarrollo, Elvira Lindo intercala de nuevo la idea principal, pero aportando una solución: “a pesar de que los juegos tradicionales evitan el aislamiento de los niños, fomentan la colaboración o la lucha por el liderazgo, y son más beneficiosos que los juegos electrónicos para sus sociabilización, sin embargo no hay que renegar del uso de los ordenadores porque también reportan muchas ventajas”.  Finaliza el texto con una conclusión en las cinco últimas líneas (“Pero….hacer de los niños seres sociales”) en la que retoma la idea anterior de modo más contundente.

15 comentarios:

alberto dijo...

En este texto publicado por Elvira Lindo en el país, podemos ver, que hace referencia a la pérdida de la práctica de los juegos tradicionales.

Esto se debe por varios motivos, uno sería porque las calles se han vuelto muy peligrosas, ya que continuamente circulan los transportes, debido a los casos de violaciones que podemos escuchar en los medios de comunicación, y a la desaparición de personas. Otro de los motivos es por la sustitución que hacen los jóvenes de los juegos tradicionales a las nuevas tecnologías, como ordenadores, videojuegos etc.

El problema de esto, es que no podemos quedarnos encerrados todo el día en nuestras casas, enfrente de una pantalla, además que es muy peligroso para la vista, está haciendo que disminuya la sociabilidad entre los más jóvenes e incluso entre los adultos en algunos casos.

He podido escuchar a jóvenes decir que sin las nuevas tecnologías ellos no serían nada, pero es que no saben que hace varios años, no existían y las personas eran igual de felices.

En mi opinión, quería dejar marcado, que las nuevas tecnologías son fantásticas si hacemos un buen uso de ellas, por ejemplo, en el caso del ordenador, para realizar trabajos etc. y no para llevarse horas y horas enfrente de ellas jugando a juegos. También quiero decir, que los juegos tradicionales no se pueden perder, y que debemos de salir más a la calle y relacionarnos con las personas.

Alberto Jurado Alcón.
2º Bach B.

Carmen dijo...

“Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad, el mundo solo tendrá una generación de idiotas” El indudable desarrollo de las tecnología ha provocado un incuestionable cambio en las costumbres humanas, ha ocasionado un cambio de vida, pero ¿a mejor? ¿O poseía razón Albert Einstein con su célebre frase?

El peligro que suponen las calles, a veces, demasiado transitadas por vehículos, ha ocasionado que los padres opten por ofrecer a sus hijos otro entretenimiento. Así pues, la comba es sustituida por un ordenador y la pelota por una play station. Las nuevas generaciones están sufriendo, por tanto, las represalias del desarrollo y de la incipiente globalización humana. Pero con esto no quiero decir que sea negativo, pues es indudable que a día de hoy, instrumentos como el ordenador son una útil herramienta que nos facilita tanto el trabajo como la vida en sí, además de que es favorable que se produzcan cambios, que evolucionemos. Pero el dilema está en si son sustituibles las horas jugando en la calle y con amigos por las horas frente a una pantalla. El problema está en lo insalubre que puede llegar a ser lo último.

Desde la llegada del hombre a la Tierra, éste se ha caracterizado por su inteligencia, su razón y por su necesidad de vivir en grupo para sobrevivir y transmitirse conocimientos, por su necesidad de socializarse. Así pues, en la temprana edad de la juventud es cuando más conocimientos adquirimos, y no técnicos, sino sociales, aprendemos ,por tanto, a socializarnos, a rivalizar, aprendemos que por mucho que caigamos nos tenemos que levantar para ganar la partida, aprendemos a jugar en grupo, a ser niños, a ser personas. Y ¿puede una maquina sustituir esto?

Pero desde mi punto de vista, no es solo es una cuestión ética, puesto que esto provoca en los niños tanto problemas psicológicos como físicos. Y es que los niños que se exponen a una pantalla demasiadas horas presentan problemas oculares además de que muchos de ellos muestran sedentarismo, que es uno de los factores que en un futuro les podría llevar a la obesidad. Pero no es solo esto, puesto que en cuanto a los problemas psicológicos cabe decir que al ser seres sociales dependemos los unos de los otros para aprender y por tanto, son los niños los que más dependen de otros; así pues, el sociabilizarse ayuda a contrarrestar la timidez para así poder convertirse en una persona más segura y extrovertida. En cambio, parte de los niños aislados que se exponen demasiado a las nuevas tecnologías, suelen manifestar inseguridades ante los demás, así como torpeza o incapacidad para afrontar y resolver las relaciones sociales.

Así pues, me sitúo a favor de la tesis de la autora, Elvira Lindos, y es que como bien dice ella “esto nada tiene que ver con un terror a las pantallas sino con la defensa de un tipo de juego necesario para hacer de los niños seres sociales”

¿Y qué podemos hacer para solucionarlo? Puestos a pensar, creo que la solución está en la concienciación, en concienciar a la ciudadanía de la importancia de nuestro cuerpo y nuestra mente, de que le tenemos que dar al cuerpo el deporte y la energía que necesita para estar sano y a nuestra mente, le tenemos que aportar de forma equilibrada tanto horas de ordenador –pues esto es innegable en la época en la que vivimos- como los conocimientos y valores que solo un ser humano es capaz de ofrecer.
CARMEN GIL ROMERO 2ºBTO B

miriam gomez dijo...

En este magnífico artículo de Elvira lindo, podemos observar como actualmente existe una escasa participación de los niños en las calles, en descampados o en las típicas pistas de colegio donde se juega al futbol, tampoco a niñas saltando a la comba o corriendo por las aceras de las calles.

Quizás el grave problema de todo esto y como bien la autora dice, se refiere a la inseguridad en las calles que cada vez es mayor. Esto se ve reflejado en dos partes, bien porque los padres no confían en dejar a sus niños en la calle ya sea de día o de noche para asegurarse de tener a sus hijos en casa fuera de todo peligro, y por otra, las preferencias de poder jugar con una aparato electrónico antes que con un simple balón.

Y es que, hay una cosa bastante curiosa en todo esto, nos solemos olvidar de los problemas que pueden padecer los niños sin hacer ningún tipo de ejercicio físico -en este caso por quedarse en casa sin hacer ningún esfuerzo de salir a jugar- uno de los más graves y que en estos años esta aumentado en España, es la obesidad, en este caso el juego que realizan los niños son mover sus dedos con el ratón o teclado de ordenador, mando de televisión, consolas… Independientemente de que sí habrá niños que realizan ejercicios físicos, como en las actividades extra-escolares por ejemplo.

Lo que más me entristece y me cuesta aceptar es con la facilidad que se están perdiendo los juegos tradicionales en las calles, los mismos con los que me he divertido, reído e incluso llorado por algunas peleíllas en mi infancia. Vamos sustituyendo lo tradicional por las nuevas tecnologías, pero por mucho que acepte las nuevas tecnologías no se pueden comparar con pasar una buena tarde jugando hasta caer la noche con tus amigos, familiares e incluso vecinos.

En definitiva, me gustaría hacer un guiño a todo lo expuesto anteriormente, no hay nada como poder divertirse jugando y poder limitar los usos de tecnologías únicamente para el ámbito estudiantil. Así que los padres deberían de cobrar conciencia y saber lo que es realmente bueno y no tan bueno para la infancia de sus hijos.
MIRIAM GÓMEZ.
2ºBACHILLERATO B.

Daniel Cordero Lopez dijo...

En este texto de Elvira lindo "juguemos" la autora nos muestra como cada vez los niños juegan menos en la calle y es verdad que en esto tiempos apenas se ven a niños jugando al fútbol, al escondite o corriendo por la calle en busca de cosas que son nuevas para ellos.

Todo ello puede estar relacionado con la inseguridad que hay en las calles, a pesar de que este sea el mejor medio para socializarse, no es el más seguro, por eso los padres de los niños optan por dejar a sus hijos jugando con los ordenadores y tal vez por esto se encuentra un mayor porcentaje de niños en sus cuartos jugando con el ordenador. Está claro que ordenador es una gran herramienta pero si se le da un buen uso, es decir, utilizándolo para el trabajo.

Tampoco es saludable que un niño se quede encerrado jugando con el ordenador o videojuegos, ya que esto puede desembocar riesgos psicológicos o sociales como ocurre con el famoso asesino de la katana, el que se creía un personaje de un juego violento que finalmente acabó con la vida de su padre, madre y hermana.

Desde mi punto de vista, creo que los niños deberían de jugar en la calle, ya que es el mejor medio para socializarse, aunque no descarto el ordenador siempre y cuando se use como la excelente herramienta de trabajo que es.

Daniel Cordero López
2 Bachillerato B

Cristina Romero Romero dijo...

De vez en cuando oigo comentar a mis padres o a mis abuelos anécdotas de su infancia y de todos aquellos juegos de la calle en los que luchaban por ser el ganador tras varias carreras, saltos y risas entre amigos, pero claro eran otros tiempos. Actualmente, debido al avance de las nuevas tecnologías cada vez hay más niños que no juegan en la calle y se relacionan menos con los demás porque prefieren quedarse en casa entados ante una pantalla horas y horas.
Asimismo, los videojuegos pueden tener efectos nocivos en la salud, de forma que desencadene una vida sedentaria conllevando a problemas de sobrepeso. Entre otros, un estudio de la Universidad de Nueva York afirma que los niños que juegan con consolas varias horas al día presentan dolores articulares, es más, aquellos de más temprana edad son más propensos a tener dolor en la muñeca que los mayores, lo cual puede deberse a que sus músculos y tendones todavía se están desarrollando. Además, otro problema de salud que vale la pena mencionar es la visión. Un uso constante de estos aparatos obliga a forzar demasiado la vista, lo cual puede causar pérdidas de visión.
Más aún, como ya he citado un poco en líneas anteriores, los niños que sigan este ritmo de vida en el que su compañero de juegos es una máquina puede suponer que en un futuro tengan problemas para relacionarse con otras personas y dificultar por tanto su vida social de forma que permanecen atrapados en su mundo virtual. Por todo lo expuesto los doctores recomiendan hacer ejercicio todos los días, y que mejor forma para un niño que jugar a juegos populares en los que tengan que correr y brincar.
A pesar de lo dicho hay que tener en cuenta que no siempre el uso de estas tecnologías debe ser negativo ya que hay una gran diversidad de juegos en los que pueden elegir y muchos de ellos son educativos y productivos, además de darle otras utilidades como por ejemplo la de herramienta de trabajo. En otras palabras, su uso no es malo, lo malo es el exceso ya que puede resultar bueno en su justa medida.
Por tanto, ¿quién puede incidir en esto? ¿son los niños culpables de ello? Desde mi punto de vista creo que todo esto se recoge en una palabra: educación, y los educadores de ellos no son otros que sus propios padres. Cierto es que muchos de ellos prefieren que sus hijos jueguen en casa en lugar de la calle expuestos al peligro que eso conlleva, todo por su bienestar. Y entonces me pregunto, ¿acaso su bienestar no implica salud y sociabilidad? Abundando en la opinión deben motivarlos a salir de vez en cuando a jugar con otros niños y así potenciar su habilidad para relacionarse al igual que hacían nuestros padre o abuelos. Aunque los años pasen y los tiempos cambien esta es una de las cosas que no se debería perder. Junto a esto también deben vigilar el contenido de los videojuegos ya que algunos no son muy apropiados y potenciar el entorno familiar.
Por consiguiente, sintetizando lo dicho, jugar más o menos en casa o en el parque, así como el comportamiento de los más pequeños depende de sus padres y de la educación que estos les den, pues es la base de lo que los niños harán en el futuro.

Carmen Marrufo Román dijo...

Al leer este artículo de Elvira Lindo, no he podido evitar sentir añoranza, nostalgia. Por todos aquellos momentos en los que mi mayor preocupación era acabar mis deberes y salir a la calle a jugar, a veces incluso sóla, pero qué más daba si podía pasar tan sólo cinco minutos en la calle jugando a lo que fuese. Pero claro, ahora el mundo es distinto, tan solo han pasado unos años, pero sí, lo es indiscutiblemente. Y es que no hay niño más feliz que uno que tiene una consola o un smartphone en la mano, sin saber ni siquiera la decepción que se siente cuando te pillan en el escondite.

Por esta razón, creo que el hecho de que los niños permanezcan las 24 horas del día pegados a una pantalla hace que poco a poco vayan perdiendo la capacidad de relacionarse socialmente, haciendo que sus vidas se reduzcan a una partida de la Play Station.
Por tanto, esto lo digo, ni más ni menos, por experiencia propia, pues ya son varias las personas que conozco que empiezan a depender del juego, pero no de ese juego sano, de ese en el que la calle se convierte en tu sala de juegos y los vecinos en tus compañeros, si no de ese al que tarde o temprano se le acaba terminando la batería, y el que hace que se permanezca sentado ante una pantalla pensando únicamente que lo que se está empleando es solo el tiempo libre, cuando todos sabemos que eso conlleva algo más que perder el tiempo: perder las costumbres, la capacidad de relacionarse.

Al decir esto tampoco quiero que parezca que me rivalizo con Internet,-dado que la mayoría de los juegos de hoy en día necesitan de este-, pues al igual que la autora del artículo, pienso que es un medio de comunicación que nos aporta información y cultura, pero también ayuda a que los niños tengan menos motivos para salir a la calle en su tiempo libre, cosa que también llega a tener su dificultad, pues en las grandes ciudades, las calles no resultan del todo seguras.

En definitiva, apoyo la opinión de Elvira Lindo ya que se debe hacer de los niños seres sociales, fomentando este tipo de juego, ya sea en la calle, o en grupo, pero "juguemos".

marta perez romero dijo...

La lectura de este artículo llamado “jugemos” de Elvira Lindo me hace reflexionar sobre los viejos tiempos donde los niños sabían el verdadero significado de jugar.
Si miramos el pasado y volviéramos años atrás nos encontramos niños que sabían lo que significaba jugar, donde un amigo era un amigo y no un contacto de la red social.
Hoy en día casi todos los niños están encerrados en sus casas enganchados a los videojuegos o Internet, desde mi punto de vista los padres son los mayores culpables de esta situación actual ya que regalan videojuegos y móviles a sus hijos, cada vez más pequeños.
¿Dónde quedan esa calles y travesuras del ayer?, mi hermano me contaba que a las tejas él jugaba y que las calles de mi pueblo eran el templo de sus juegos, pero hoy en día ya no vemos a niños correteando por la calles con los juegos tradicionales, sino que cada vez más son los niños quien vemos en sus casas jugando a las nuevas tecnologías, pero a lo largo del tiempo estos niños se darán cuenta de que se han perdido los mejores años que da la vida, la infancia.
A mí me gustaría que esta tradición de jugar en las calles se volviera a conseguir ya que las risas de los niños dan alegría a las calles de este pequeño pueblo.

Celia Jurado Delgado dijo...

Saltar a la comba, el escondite, el pilla pilla, son clásicos juegos a los que todo adulto o joven ha jugado alguna vez de niño, juegos de dos o en grupo con los cuales estos podían aprender a apoyarse unos a otros a colaborar e incluso llegar a pelearse para después hacer las paces llegando a mutuo acuerdo. Sin embargo, son muchos los niños de hoy día que ni siquiera conocerán dichos juegos.
La calle, aquel lugar donde se desarrolla la gran imaginación que puede llegar a tener un niño y la cual siempre ha estado llena de ellos jugando y divirtiéndose es hoy día, desde el punto de vista de la gran mayoría de padres, un lugar poco seguro y del cual intentan alejarlos lo más posible. Un gran tráfico que lleva a pensar en un posible accidente, un niño indefenso que puede ser secuestrado como ocurre en muchas de las noticias que se retransmiten por televisión y muchas demás desgracias que puede acarrear el juego en la calle. Además, a ello debemos sumarle que hoy día son muchas las familias en las que tanto el padre como la madre trabajan fuera de casa de tal forma que en lo primero que piensan es en dejar a sus hijos seguros frente a una pantalla de televisión o de cualquier consola que les mantenga entretenidos y alejados de los peligros que el mundo fuera de sus casa puede acarrear. Pero de lo que estos padres no se dan cuenta es de que con ello lo único que hacen es impedir que sus hijos se relacionen con otros niños de su edad impidiendo así que aprendan a socializarse y a poder defenderse por sí mismos. Son los clásicos juegos, los que han existido desde siempre, los que hacen de los niños personas adultas capaces de enfrentarse al mundo exterior sin necesidad de depender de nadie.
Desde mi punto de vista, el juego en la calle es una de las tradiciones que no deberían de perderse y no sustituirse por una pantalla de ordenador o consola, pues aunque estas son grandes herramientas que también deben de aprender a utilizar no es forma de que un niño pase su infancia pues con ello se impide su desarrollo a nivel humanitario y social.

Ismael dijo...

Todavía hoy recuerdo aquellas tardes en las que salía con los amigos a jugar por las calles del pueblo con el objetivo primordial de divertirse. En general nos socializábamos y madurábamos poco a poco aunque con nuestra edad no nos diéramos cuenta

Hoy en día esto no ocurre, los niños están entretenidos con las consolas, ordenadores y videojuegos, y en parte es lo que todo niño haría hoy, debido a que las calles ya no son lo que eran, más urbanizadas sí, pero incrementadas de peligro, tal y como indica Elvira Lindo en su artículo. Con esto no solo quiero referirme al incesante tránsito de vehículos, sino al miedo generalizado entre la población por secuestros o delitos mayores, como el famoso caso del canario Yeremi Vargas o la pequeña Mari Luz Cortés. Aunque esto en mi opinión solo debe ser tratado como una precaución no como una excusa para estar tarde tras tarde frente a una pantalla de ordenador sin salir de casa, ya que afortunadamente se construyen muchas zonas de ocio al aire libre vigiladas continuamente

Otro factor importante que apoyaría el hecho de que jugar en la calle es saludable es el sedentarismo, y es que la obesidad infantil está a la orden del día ya que el niño pasa más tiempo sentado que movilizándose o agilizando su cuerpo, lo que podría conllevar a severas consecuencias

En conclusión, como bien publicó hace poco un psicoanalista: “Ni Mario Bross, ni cualquier jugador de futbol virtual podrá sustituir la función de la calle, mas allá de risas o diversión, ya que esta es la mayor fuente de sociabilización y el mejor camino hacia la madurez”

Ismael Ruiz González

María del Carmen Scharff Bellido dijo...

Poniéndome a recordar mi infancia, llegan a mi mente miles de recuerdos de mi pasado, de aquellas tardes jugando al fútbol con mis primos, o de cuando me resguardaba detrás de los coches jugando al escondite junto a mis vecinos, y es que para mí, estos recuerdos son irremplazables y ningún videojuego o una simple máquina va a poder ocupar su lugar.

Si me paro a pensarlo, he tenido mucha suerte, suerte de haber podido crecer en un pueblo, alejada de todo peligro; donde he podido gozar de una libertad privilegiada que los niños de grandes ciudades no han podido disfrutar, y por esto puedo decir que me siento muy afortunada porque me he criado en un entorno donde he podido disfrutar en plenitud de la naturaleza.

Antes de mudarme al pueblo donde resido actualmente, yo vivía en Madrid, y me encantaba mi ciudad, e ir al parque con mis padres por las tarde. Aunque también me gustaba mucho mirar la televisión, o jugar a mi antigua “Nintendo 64” a la que le tengo mucho cariño y la cuál aún conservo.

Pero, pese a todo esto, siempre esperaba ansiosa que llegase el fin de semana para poder ir al pueblo de mis abuelos y poder correr libremente o pasear en bicicleta sin que a mi madre le diese un infarto por la preocupación que esto le suponía.

Ahora, con las nuevas tecnologías que encontramos en nuestra vida, es verdad que los niños tienden más a encerrarse más en ellos mismos, pero yo, al igual que la autora de este texto, pienso que jugar, relacionarse con los otros niños y aprender de ellos, es completamente necesario para el crecimiento y el aprendizaje de los niños.

María del Carmen Scharff Bellido 2º Bach A

Vanessa García Cabral dijo...
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juan jose arriaza mateo dijo...

Los niños de hoy en día han cambiado mucho de los que había antes los cuales solo jugaban a juegos en la calle ya que no existían las nuevas tecnologías que existen hoy como las playstation o los ordenadores. Ahora los niños solo juegan a las consolas y no saben de jugar en la calle como se hacia antes.

Otro motivo del que los niños de hoy en día no jueguen en la calle es por la poca seguridad que tienen las madres al dejar salir a los niños a la calle. Esto ocurre por el aumento del trafico de coches en las calles los cuales muchas veces van por las vías urbanas como si fuesen por una autopista. La culpa de que los coches no circulen a la velocidad permitida es causa del poco control que tiene la autoridad en el tráfico de las vías urbanas.

También la tecnología de hoy en día ha cambiado mucho la forma en la que nos relacionamos en nuestra sociedad. Lo que ocurre también es uso a los ordenadores no para el trabajo si no para el ocio aunque si que este bien divertirse de vez en cuando jugando y despejarnos pero también hay que salir a la calle a disfrutar del juego y socializar a los niños para que no pierdan el jugar en las calles ni las costumbres de jugar en las calles.

Paola Navarro dijo...


El texto plantea uno de los problemas más comunes en todas las sociedades. Los niños de hoy en día ya no juegan en las calles, ni se relacionan unos con otros para pasar el rato y divertirse, sino que prefieren estar en casa jugando horas y horas a las máquinas de juegos, como son los ordenadores, las nintendo ds, las play stations, etc. Esto está haciendo que disminuya la sociabilidad entre los más jóvenes e incluso entre los adultos en algunos casos. Pero todo esto no se debe solo a la interactividad de los aparatos electrónicos porque los padres también tienen mucho que ver. Dichos padres deben reducir las horas de juego de sus hijos, ya que tampoco es bueno que los niños estén tanto tiempo delante de una pantalla de ordenador, entre otros. Aunque quizás se lo permitan por el miedo a la calle, ya que es cierto que se han vuelto más peligrosas por el vandalismo.
En mi opinión no se debe abusar tanto de las nuevas tecnologías y volver a las costumbres antiguas, gracias a las cuales todo el mundo se conocían y estaban en continuo contacto, porque el único medio de juego se encontraba en las calles. Ya que jugar en las calles de las ciudades o pueblos con otros niños abre la socialización entre todas las personas y no siempre suele ser tan peligroso.
Paola Navarro.
2ºBachillerato B

Claudia Arriaza Barragan dijo...

En El País suelen aparecer diariamente artículos de opinión donde escritores reconocidos, columnistas prestigiosos, pensadores o, incluso, personajes políticos de cierta importancia comentan asuntos de actualidad y acontecimientos relevantes. Este es el caso de la novelista Elvira Lindo quien, el 12 de enero de 2011, muestra su preocupación por el hecho de que los niños y las niñas juegan cada vez menos en la calle.

Y es verdad que cada vez hay menos niños que juegan al clásico juego de fútbol en alguna plaza, o niñas que salten a la comba o al elástico, o chavales que correteen por las aceras o en bicicleta o tan solo ‘exploradores’ (como imaginábamos ser) que busquen hasta en el último rincón para ser explorado .Ahora solo se ve niños muy pequeños acompañados por sus padres, jugando en los toboganes o en los columpios de los escasos parques que hay en las ciudades, ya que cada vez crean menos parques para que puedan disfrutar los niños. También tenemos que fijarnos que los pocos parques que quedan están desgastados e incluso en algunos los columpios están rotos.

Por otro lado, es cierto que algunos barrios son peligrosos y ahí podemos ver reflejado el escaso número de niños y niñas que se atreve a jugar a juegos tradicionales como el escondite a policías y ladrones. Tal vez por esto aumenta los juegos de ordenador, las videoconsolas y las playstations, que tanto se están adueñando con los niños de hoy en dia.
Pero no debemos de olvidarnos que detrás de una red social puede haber peredastas, enfermos mentales, violencia, acosos entre otros.
De modo que al final, muchos padres no se dan cuenta que puede ser más peligroso:, conectarse a una cuenta abierta en Tuenti, o cualquier red social de la actualidad que jugar al futbol o a las casitas o la comba en la calle.

Rocio Rodriguez Ruiz dijo...


La rayuela, el pescar, el escondite, las casitas, el pañuelo, las chapas, los partidillos de futbol… Juegos que han marcado nuestra infancia, juegos en la calle, una calle llena de vida infantil. ¿Qué ha sido de estos juegos en la calle? ¿Y de las calles llenas de niños jugando?

Elvira Lindo nos presenta un tema con muchos puntos de discusión, siendo este un reflejo de la actualidad. Las ciudades, sobre todo han experimentado un increíble desarrollo urbano, las calles se han vuelto más peligrosas e inseguras y esto ha provocado el temor de muchos padres a la hora de permitir a sus hijos jugar en la calle, lo que ha provocado que estos juegos; totalmente necesarios para el desarrollo social de los niños debido a que suponen la necesidad de cooperación, rivalidad, el saber perder y luchar por ganar, además de un desarrollo físico e intelectual, sean sustituidos por los famosos videojuegos u ordenadores. La presencia de estos aparatos en la vida de los niños de hoy en día es inevitable, y no supone inconveniente alguno siempre y cuando se haga un uso regulado y adecuado de ellos, pues por el contrario, son herramientas a través de las cuales podemos beneficiarnos y que incluso también aportan cierto desarrollo y aprendizaje para los niños siempre y cuando, lo dicho, hagan un uso apropiado de ellos, pues si no es así puede derivar en problemas de gran relevancia que ya afectan a gran parte de la población infantil de hoy en día como la dependencia que son capaces de desarrollar estos aparatos, el aislamiento de los niños, que repercutirá entonces a la hora de relacionarse con los demás, de afrontar problemas y desenvolverse en la vida, cosa a la que favorecen totalmente los juegos antes mencionados. En definitiva, como dice Elvira Lindo “esto nada tiene que ver con un terror a las pantallas sino con la defensa de un tipo de juego necesario para hacer de los niños seres sociales.”

En mi opinión, los padres deberían prestar más atención a los problemas que pueden provocar dichos aparatos en el comportamiento de sus hijos y no ser tan permisivos, ni basarse en el hecho de que las calles son más peligrosas para comprender o tomar con naturalidad un uso sobrepasado de estos aparatos, ni consolarse en que este uso está de moda y que repercute en la mayoría de niños, si no que por el contrario deberían de fomentar el entretenimiento de sus hijos a través de los juegos populares, que como podemos comprobar han sido y serán una herramienta de formación imprescindible para hacer de los niños personas competentes, extrovertidas y con capacidad de desenvolverse, pero sobre todo, para hacer de ellos personas sociales.