lunes, 19 de diciembre de 2011

Pros y contras de la uniformidad en la enseñanza pública.

La introducción del uniforme escolar en los centros públicos no es una medida anodina. Puede herir sensiblidades, dar lugar a conflictos o abrir un debate más amplio sobre un orden social dado. Desde un punto de vista psicológico, atañe a la sempiterna tensión entre la necesidad de ser al mismo tiempo semejante y diferente de los demás. Los argumentos a favor del uniforme son numerosos y conocidos. Se imagina como un freno al marquismo, a ver los centros escolares como una pasarela. Desde una perspectiva psicosocial, se añade que el uniforme acabaría con la comparación entre los alumnos, se destronaría el estilo de vestir como signo de diferencias sociales, económicas, étnicas, religiosas, nacionales o incluso entre pandillas. Se cree también que favorece la disciplina, y la concentración. No faltan tampoco razones de tipo económico o de sentido práctico. Pero vestir de uniforme tiene tras sí una larga historia. Recordemos, por ejemplo, cómo el cuello Mao se impuso a 900 millones de habitantes. El uniforme ha sido un instrumento para establecer jerarquías y distancias entre clases o entre castas. En suma, el uniforme trae a la memoria lo militar, la penitenciaría, la hospitalización, el internado. Evoca la despersonalización, lo homogéneo, la falta de iniciativa y de autonomía o la ausencia de sensibilidad estética. Suele oponerse a modernidad, innovación y juventud.

El artículo "Una reflexión psicosocial” de Juan Antonio Pérez, publicado por el diario El País el 17 de junio de 2008, propuesto como ejercicio para el comentario de texto de Selectividad en la Comunidad de Madrid en el curso 2009-2010, plantea como tema central los pros y los contras que se derivan de la posible implantación de la uniformidad en los centros escolares públicos. Desde el punto de vista organizativo, este artículo presenta una estructura de problema y consecuencia (sin solución) al principio del texto, pues el problema es la posible implantación de la uniformidad en los centros escolares públicos y la consecuencia inmediata es la polémica que ha generado en el seno de la sociedad. En este sentido la idea principal se encuentra también al principio del texto, de tal manera que podríamos hablar de una organización deductiva desde el punto de vista del orden de los componentes textuales. 

A partir de aquí, en lo que podríamos denominar el cuerpo argumentativo, el articulista expone los "pros" (motivos económicos, eliminación del "marquismo" en las aulas y de cualquier otro tipo de diferencia, y fomento de la disciplina derivada del uso de la uniformidad)  y los "contras" (la uniformidad es una aliada de las diferencias sociales y de determinadas ideologías, recuerda lo carcelario, lo militar, la imposición dictatorial del cuello Mao o la reclusión de un internado, representa la privación de libertad y se opone a lo moderno y a lo juvenil). Si observamos detenidamente el texto, el autor nos va conduciendo de forma hábil hacia la postura que él comparte, que no otra que aquella que está en contra de la implantación de la uniformidad en la enseñanza pública. Y esto se confirma cuando, a modo de conclusión empieza a cerrar el texto y recapitula los argumentos anteriormente expuesto, recalcando los argumentos en contra: "En suma, el uniforme trae a la memoria lo militar, la penitenciaría, la hospitalización, el internado. Evoca la despersonalización, lo homogéneo, la falta de iniciativa y de autonomía o la ausencia de sensibilidad estética. Suele oponerse a modernidad, innovación y juventud".

Sobre el cuerpo argumentativo hay que añadir que fundamentalmente utiliza argumentos de ejemplificación y hace referencia a un hecho histórico constatado: la imposición del cuello Mao a todos los chinos durante la época de gobierno de Mao Zedong para reforzar la idea de ausencia de libertad. También es importante destacar el diferente uso de construcciones sintácticas en los argumentos en pro y en contra, lo que reafirma que el articulista está en contra de la implantación de la uniformidad.  Si observamos los argumentos a favor, veremos que el autor utiliza impersonales con "se" ("se imagina", "se cree" o "se añade") de tal forma que indirectamente despersonaliza esta postura y la opinión resulta como más indeterminada; sin embargo cuando enumera los argumentos en contra cambia la estructura sintáctica, abandona la impersonal con "se" y las afirmaciones que expone cobran más fuerza con el uso de los presentes ("tiene", "recordemos", "evoca", "suele", "trae") y del pretérito perfecto ("ha sido") al hacer referencia al ejemplo del "cuello Mao". Todo ello confirma su postura en contra de la uniformidad en los centros escolares de titularidad pública.

NOTA. El comentario crítico de este texto vendrá de la mano de los alumnos de 2º de Bachillerato.

3 comentarios:

Mª Carmen Romero Suarez dijo...

El texto que a continuación vamos a comentar es un artículo periodístico, perteneciente al diario de tirada nacional, El País, cuyo objetivo –como texto de opinión que es, no es ni más ni menos que exponer la opinión personal del articulista, y plantear a los lectores un problema de actualidad que en este caso suscita bastante polémica.
El uniforme está intentando entrar en algunos colegios públicos y ha despertado la polémica. La experiencia más común ha demostrado que, sin consenso, no sobrevive, porque el uniforme está cargado de reminiscencias de otras épocas, del franquismo y de sus símbolos, del azul o del rojo, del color que hayan tenido las dictaduras en distintos países.
Pero el uniforme es también una forma práctica de afrontar problemas sociales diversos. El más evidente es la diferencia de clases que se refleja en la vestimenta, sobre todo cuando se refleja un poder adquisitivo alto (lo caro y el lujo). Desde esta óptica, el uniforme evitaría las disputas por las marcas en la ropa y en colegios como los públicos, en los que tienen cabida niños de cualquier procedencia sociocultural y económica. Así pues, la uniformidad se convertiría en un modo, -lejos de uniformar-, de hacer ver que todos somos iguales ante el derecho a la educación y la cultura.
También el uniforme se relaciona a menudo con una identidad, hecho o circunstancia que también tiene dos lecturas: por un lado, puede implicar algo diferenciador de clases sociales, -si de lo que se trata es de marcar a los niños cuando van por la calle con la imagen de un colegio de élite-: pero también, por otro lado, tiene algo positivo si se lleva con orgullo, con sana competitividad.
En mi opinión la posibilidad de implantar el uniforme en los centros públicos es la manera de decir adiós a las diferencias sociales, y abrir las puertas a un mundo donde todos seamos iguales. En conclusión la posible imposición de uniformes en los centros públicos me parece genial porque así no nos tendríamos que calentarnos tanto la cabeza por el que ponernos para asistir a clase.

Francisco Doblado dijo...

El texto que a continuación vamos a comentar es un artículo periodístico, perteneciente al diario de tirada nacional, El País, cuyo objetivo –como texto de opinión que es, no es ni más ni menos que exponer la opinión personal del articulista, y plantear a los lectores un problema de actualidad que en este caso suscita bastante polémica. La oficialidad del uniforme en los centros públicos es un tema que abre un gran debate en nuestra sociedad. Este artículo nos sumerge de lleno en el cuestionable mundo de la uniformidad, donde lo importante no es transmitir buena apariencia, sino saber si afecta de manera positiva o negativa en el día a día de los alumnos. El uniforme es un concepto muy antiguo que nos iguala a todos en economía, cultura… Este es el principal objetivo de los centros que tienen la uniformidad como una norma obligatoria, puesto que con dicha vestimenta se evitarían los insultos y discriminaciones hacia alumnos por su forma de vestir. Efectivamente como nos comenta el autor, el uniforme es una forma de recortar gastos, ya que al año solo tendríamos una variedad de 4 o 5 conjuntos. Además evita la pérdida de tiempo cada mañana en elegir su vestimenta. En los colegios en los que hay uniformes escolares hay menor discriminación y presión social entre estudiantes. Aunque a la mayoría de los niños les gustaría llevar ropa de marca o de la última moda, no todos los padres pueden comprarla. Para aquellos alumnos que no pueden permitirse comprar este tipo de ropa, puede suponerles un punto de diferenciación frente a sus compañeros y conducirles al aislamiento, acoso y estrés emocional. Cuando ellos van uniformados al colegio, todos son iguales. Todos llevan los mismos pantalones, falda, la misma camisa, zapatos similares, etc. Esto evita las comparativas y las presiones sociales a muchos de ellos q no tienen que comprar determinadas prendas de ropa para sentirse parte de un grupo determinado. Este aspecto es muy importante ya que puede tener un impacto considerable en el concepto que el niño tiene de sí mismo. Esto no resulta nada novedoso: desde hace muchos años atrás ya se discutía la uniformidad, no solo en centros públicos sino también en cuerpos de bomberos, policía,… Todos hemos discutido alguna vez sobre este tema. La uniformidad en los centros públicos debería ser aceptada como una opción más, sin ser obligatoria, los alumnos podrían vestir como cada uno quisiera, obteniendo el uniforme como otra elección más. En conclusión, estamos ante un artículo que expresa todas y cada una de sus intenciones. Es una pena que a pesar de muchos de estos argumentos a favor de la uniformidad se encuentre la oposición de la obligación de esta forma de vida de algunos centros.

Rosa María Calderón dijo...

Felicito a los alumnos Mª Carmen Romero y Francisco Doblado porque son los primeros alumnos de 2º de Bachillerato de este curso ecolar que publican sus comentarios críticos a correspondientes.

Os tengo que hacer una pequeña sugerencia: a partir de ahora tenéis que evitar el iniciar el comentario crítico con la misma fórmula que está en la plantilla que os sirve de guía. Hay que hacer variantes sobre el esquema que os sirve de modelo para que en Selectividad no empecéis todos de la misma manera.

Por lo demás, está muy bien, y animo al resto de mis alumnos a que empiece a publicar en el blog. Los resultados finales son buenos, y está comprobado por cursos anteriores, porque vais a aprender de los errores y aciertos de los demás.