jueves, 21 de enero de 2010

La violencia: única respuesta para una juventud que no sabe dialogar

El artículo "La creación de fascistas" de Javier Marías, publicado en El País en diciembre de 2004, fue seleccionado como texto para la Prueba de Selectividad en Andalucía en el año 2005 (Modelo 3, Opción A) y aborda el siguiente asunto: un grupo de jóvenes desalmados agrade violentamente a tres municipales simplemente por el hecho de que habían acudido a poner orden en un bar de copas que estaba abierto a altas horas de la madrugada y molestaba de forma considerable. El articulista considera que estos indeseables, a los que denomina “fascistas de espíritu” son consecuencia de una sociedad permisiva que han consentido absolutamente todo a una generación que no está acostumbrada a que se le lleve la contraria. A partir de aquí os ofrecemos el comentario crítico de dos alumnas de 2º de BTO: Lorena Campos Fernández y Mireya Morales López.
" Hemos oído hablar innumerables veces de jóvenes que maltratan a sus padres, de alumnos que agreden a sus profesores, de niños que maltratan a otros niños... Pero, ¿en qué momento estos jóvenes se convierten en agresores? Todos en algún momento de nuestras vidas nos hemos sentido frustrados por alguna cosa y la furia se ha concentrado en nuestro cuerpo, hemos tenido ganas de hacer algo, de canalizar nuestra ira de forma destructiva, pero nos hemos contenido, hemos evitado hacer algo de lo que seguramente nos arrepentiríamos después. Mas, ¿qué pasa con esos jóvenes que no se detienen? ¿Cuándo empezaron a ser agresivos? Tristemente todo empieza en la infancia: ¡La de veces que en una tienda hemos presenciado cómo un niño le grita a su madre porque quiere un juego, una golosina o cualquier otra cosa.....! La cuestión está en que esos niños todavía no son conscientes de que en este mundo no todo lo que se les antojen lo pueden conseguir, y en que si los adultos cedemos a todos sus caprichos cuando se ponen a llorar, somos nosotros los que claudicamos, somos nosotros los que hemos perdido una inocente batalla, que a la larga puede convertir a esos niños en auténticos tiranos. Concretemos esto: cuando todavía son niños la única manera de imponerse sobre los adultos es haciendo uso de los llantos y pataletas, pero cuando llegan a la adolescencia cambian el llanto y la rabieta por la violencia pura y dura, ya sea verbal o física: conseguirán lo que desean mediante amenazas, golpes y palizas.
Las medidas parecen ser bastantes sencillas: a pesar que a las madres les cueste negarse a los caprichos de sus hijos, tienen que ser conscientes de que no siempre deben ceder, y mucho menos por el hecho de que sus hijos se pongan a llorar, porque eso es lo que lo desata todo, no podemos dejar que asocien llantos con triunfos, pues los llantos evolucionan provocando que parte de la sociedad esté atemorizada por jóvenes que no están acostumbrados a que se les diga que “no”.Está en nuestras manos la educación de hijos, hermanos, sobrinos, en definitiva, de las futuras generaciones: ¡No la desperdiciemos!"
(Lorena Campos Fernández)
"¿”Fascistas de espíritu”? Lo que faltaba. No sé como va a terminar un mundo envuelto en drogas, violencia de todo tipo, hambre, pobreza, enfermedades y encima, con algunos jóvenes desquiciados que responden a cualquier negativa con acciones brutales y extremadamente violentas. Aunque parezca mentira, una persona con “espíritu fascista”,- aquella que responde con violencia ante cualquier “frustración” o “contrariedad” (en términos de Javier Marías)- no tiene, en parte, culpa de serlo. Me explico: la ilusión de ser madres y de querer dar a los hijos todo cuanto les piden, puede acostumbrar a los niños a tener todo lo que quieren, incluso cuando no se puede. A lo largo de los años, la idea de que “mis padres me dan todo lo que les pido y tengo lo que quiero” se hace cada vez más fuerte hasta el punto de no poder evitar el luchar contra toda oposición para obtener lo que se desea. Imagínense un grupo de jóvenes haciendo una fiesta en cualquier casa de un barrio a altas horas de la noche y con la música a todo volumen. Lo más evidente, es que los vecinos se quejen y llamen a los municipales para que puedan dormir. Pero claro, hay que tener cuidado porque, si intentan poner remedio al ensordecedor ruido que imposibilita el sueño de estos pobres vecinos, cabe la posibilidad de acabar como los policías del texto de Javier Marías: apaleados. Es lógico, este grupo de adolescentes está disfrutando y los vecinos no los entienden. Y es que es imposible que, si de pequeños no han tenido límite a sus deseos y caprichos, ahora no pueden comprender que esos vecinos tienen el mismo derecho a descansar y a estar en paz, que ellos a disfrutar de la fiesta."
(Mireya Morales López)

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