lunes, 18 de enero de 2010

La telebasura

En un país como el nuestro donde la televisión se ha convertido en un medio, más que informativo, de entretenimiento, la población está altamente influenciada por la información que se emite y se transmite a través de ella. Eso sí, una distracción y diversión a la que apelan nuestros paisanos desconociendo el grado de dependencia y supeditación que crean los llamados programas “basura” o de chismorreo que ellos siguen. Una no deja de sorprenderse cuando se estrenan programas como “Sálvame” y al día siguiente nos comunican que el nivel de audiencia ha superado con creces el seguimiento del Telediario. Esto nos demuestra el desinterés por la cultura y el interés por la vida de los famosos: el lugar en el que adquiere su ropa, el último “rollete” que ha pasado por su casa o el último coche que acaba de comprarse. Se prefiere ver a Belén Esteban criticando la falta de cariño y desatención de Jesulín de Ubrique hacia su hija, en lugar de conocer a fondo las causas y razones de la corrupción de algún partido político o los problemas que deben afrontar las fuerzas internacionales en su lucha contra los Talibanes en Afganistán. Es por tanto una sandez que después de esto todos o casi todos digamos que no vemos este tipo de programas, cuando sabemos perfectamente que no es cierto. Los índices de audiencia están ahí, y si la “telebasura” existe es porque está respaldada por muchos teleespectadores. Conscientes de este circo mediático, los personajes famosos utilizan este tipo de programas para contar sus intimidades a cambio de una jugosa suma de dinero. Claro, que la fama tiene su precio, y nunca mejor dicho. Y así actualmente pueden captar imágenes tuyas en un lujoso restaurante francés y mañana, por el contrario, unas instantáneas en las que aparece una famosa en “topless” o en una situación comprometida.

Realmente el asunto es muy complejo, sobre todo si afecta a los menores: una famosa se queja o incluso se querella contra un medio de comunicación por publicar o emitir las fotos de su hijo o hija, pero la edad de este menor es irrelevante cuando una prestigiosa revista del corazón le ofrece una cuantiosa suma de dinero por publicar las fotos de su retoño/a recién nacido/a. En este caso ni el “pixelado” ha sido necesario porque la famosa ha aceptado las normas del contrato. Todo esto no sería de recibo y acabaría extinguiéndose a no ser por el elevado número de ventas que la revista en cuestión obtuvo esa semana con dichas fotos. Hemos llegado a un proceso de retroalimentación que parece no cesar, la pescadilla que se muerde la cola: a mayor espectáculo mediático, mayor audiencia, más dinero, más ventas.... Todos nos dejamos embaucar por el elenco de “caricatos”,-y uso un término de Miguel Mihura-, que invade los medios de comunicación, que convierten a veces este medio en algo chabacano, haciendo de nosotros,–en ocasiones-, unos peleles enganchados a la “telerrealidad” y a los programas del corazón.


(Comentario Crítico del artículo “La Telecosa” de Francisco Umbral, perteneciente al Modelo 6 Opción B de la Prueba de Selectividad en Andalucía del año 2005, realizado por Sonia Jiménez Ruiz, alumna de 2º de BTO del IES Laguna de Tollón)

1 comentario:

Yolanda Jiménez dijo...

Muy bien, Sonia. Con toda claridad y contundencia. Las voces de los jóvenes contra la tiranía de una televisión sin contenido y llena de "basura" nos da la esperanza de que los televidentes del futuro sabrán exigir algo mejor. Enhorabuena por tus opiniones y el modo de expresarlas.